Circular Diciembre 2018

Circular diciembre 2018

Paraná, 21 de diciembre 2018

Querida Familia de la A.C.A.:

Ya estamos próximos a vivir el misterio de la Navidad en donde volveremos a oír a los ángeles proclamar: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14). Cada año, el eco de este canto llena el mundo entero, avivando en nosotros una alegre esperanza. Sobre todo, porque la paz se ha hecho cercana y la podemos contemplar en el rostro de un Niño: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14).

Es verdad que nuestro mundo necesita de paz. Cada uno de nosotros, nuestras familias, nuestros lugares de trabajo, los ambientes en los que nos movemos, necesitamos de ese Niño al que los ángeles anunciaron como el Salvador (cfr. Lc 2,11). Sin Él, todos los esfuerzos por pacificar los corazones son insuficientes. Quisiera invitarlos a que durante estos días de Navidad, contemplemos el gran misterio del amor de Dios en este Niño que nos ha nacido (cfr. Is 9,5). Que nos trae la Paz verdadera e infunde en nuestras vidas ese deseo de un mundo cada día mejor.

¡Hagamos la experiencia de encontrar y reencontrar la paz, la serenidad, al rezar en familia o como grupos, ante el Nacimiento, dejándonos cautivar por ese Niño Jesús en el pesebre, rodeado de María y de José! Sepamos que contemplando este misterio de amor, el Señor nos dará allí nuevos impulsos para transmitirlo a los demás.

Les deseo en nombre de todo el Consejo Arquidiocesano una Feliz Navidad y el próximo año nos encuentre con el impulso de anunciar la Buena Nueva.

¡Alabado Sea Jesucristo!

P. Ignacio Patat

Asesor

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La Navidad es sin dudas uno de los tiempos fuertes en la Iglesia.

Dios nos envía una señal de Amor. Esa señal de Dios es la sencillez; es el Niño Dios que se hace pequeño por nosotros. Éste es su modo de reinar.

Él no viene con poderío y grandiosidad externas. Viene como niño que necesita de nuestra ayuda. No quiere abrumarnos con la fuerza. Nos evita el temor ante su grandeza. Y pide nuestro amor: por eso se hace niño.

Nosotros tenemos que prepararnos para recibirlo. Hacer de nuestro corazón un lugar para que pueda nacer. Y eso se logra con pequeños gestos de amor cotidianos, anónimos, sencillos…. Valiosos. Con oración y sacrificios.

Debemos ayudar a los demás a vivir la Navidad en su verdadero sentido. A vivirla así, como un tiempo de esperanza donde todos volvemos a tener la posibilidad de ser mejores.

Con un gesto de amor para con el prójimo (¡que tanto nos cuesta!). Con la ayuda al necesitado. El cuidado de la embarazada. El acompañamiento al que está deprimido. Al que sufre desconcierto porque perdió su trabajo. A los padres que tienen a sus hijos en la cárcel. Al abuelo que está solo y necesita hablar con alguien… La comprensión. La tolerancia. La solidaridad…

Estos gestos nos preparan y nos ayudan a recibir a la Sagrada Familia, en nuestra vida. Y nos hacen instrumento para que, quienes nos miran, vean una persona distinta. Y seremos diferentes porque nos abandonamos al regazo de Nuestra Santa Madre, humilde, confiada, integra… y a los brazos de San José, hombre de fe, fiel, fuerte…

Es cierto que la Navidad es la ternura de un niño que nace, pero también es un camino… un camino a Jesús. Un camino al Dios vivo entre nosotros, que nos llama a convertirnos y nos espera con su corazón abierto dándonos una nueva oportunidad de ser santos.

Toda la conducción diocesana les desea una ¡Feliz y Santa Navidad!

¡Alabado sea Jesucristo!

Luz Fabiola García

Presidente Arquidiocesana