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Seamos mensajeros de la Vida: Mensaje de Monseñor Puiggari sobre la defensa de la vida

Como Acción Católica de la Arquidiócesis, queremos compartir el mensaje que nos ha dirigido nuestro Padre Obispo en relación a la aprobación del proyecto de ley de la despenalización del aborto. Nuestro compromiso es seguir rezando y defendiendo toda vida, desde la concepción hasta la muerte natural.

Sigamos confiando en la acción de la gracia de Dios, junto con todo lo que, como laicos y militantes, podamos hacer en este desafío que hoy nos plantea el mundo actual.

A continuación, dejamos el texto completo del mensaje de Mons. Puiggari:

Seamos mensajeros de la Vida

Muy queridos hermanos:
En estos momentos en que la Argentina se encuentra discutiendo la legalización del aborto libre, la cual obtuvo la media sanción de la Cámara de Diputados, quisiera dirigirme a todos los fieles dela arquidiócesis, y muy especialmente a aquellas personas que en estas últimas semanas han trabajado con pasión para defender ante el Congreso de la Nación la vida de las madres y de los niños por nacer.
La tarea tan noble de “Salvar las dos vidas” justifica de por sí todo el esfuerzo invertido, las noches sin dormir, la disposición a organizar actos, a asesorar a quien lo pidiera, a rezar por las mujeres embarazadas y por los bebés en la panza de sus mamás, así como también las energías puestas al servicio de esta misión. Sepan que les estoy enormemente agradecido por esta misión tan profética, y que los he tenido permanentemente en mi pensamiento y oración.
A pesar de que el dictamen haya sido aprobado en la primera instancia legislativa, estoy seguro de que todo este gran esfuerzo ya está siendo capitalizado por el Señor y en algún momento dará sus frutos en la historia, para el bien de las madres y de los niños por nacer.
La unidad y dedicación de ustedes en su empeño de cuidar las dos vidas ha sido un modelo de trabajo en la Iglesia que nos ha edificado a todos. Por eso quisiera confirmarlos en esta misión, y pedirles que sigan adelante con ella. Falta mucho aún; no sólo la etapa del Senado que comenzará en breve, sino que también se presenta, pase lo que paso, una tarea muy importante de formación y acompañamiento a las mujeres y a los más jóvenes, para que el cuidado y respeto por la vida humana no se pierda en nuestro país: al defender esto, ustedes están brindando un gran servicio a toda la sociedad.
Les pido que en todas las comunidades puedan generar espacios de oración y anuncio en favor de las dos vidas, que en cada capilla de adoración perpetua puedan ofrecer un tiempo para pedir por la vida de las madres y de los niños por nacer. Seamos hoy más que nunca mensajeros de la Vida.
Los encomiendo con gratitud al Dios, para que Él los inspire y los fortalezca, y así ustedes puedan dar un testimonio del Señor que con su muerte y resurrección nos regaló el poder vivir para siempre. También a María, que supo custodiar la vida de su Hijo, y hacer todo lo que estuvo en sus manos para salvarlo. Le pido ese mismo don para todos ustedes en su defensa de la vida.

Un gran abrazo, en Cristo.

Mons. Juan Alberto Puiggari
Arzobispo de Paraná

IV Encuentro de Formación: Inscripción abierta

Querido participante:

Recordarte, en primer lugar, que el Encuentro se abona en la misma Acreditación, el primer día, es decir, el 12 de febrero, a partir de las 8.00.

El lunes las actividades se desarrollarán de 8.00 a 20.30, con Misa de cierre; el martes, de 9.00 a 12.30.

Recordar que la inscripción es compromiso de pago: se cobcartel finalra a quien se inscribió, aunque no haya podido asistir.

Al término del Encuentro, se entregarán viandas para la gente del interior.

El colectivo que te deja en la puerta es el 11-21 Divina Providencia.

El Encuentro está pensado y preparado para Jóvenes Mayores y Adultos, es decir, a partir de los 18 años. Abrimos la participación a Juveniles, con el debido permiso de sus padres, teniendo en cuenta que la dinámica y las temáticas están planteadas para este grupo etario.

La inscripción se podrá realizar hasta el martes 6 de febrero inclusive. Luego, el formulario de inscripción se cerrará de manera automática.

Finalmente, por medio del presente formulario, vas a inscribirte en  nuestro IV Encuentro de Formación, haciendo click aquí.

Pedidos provisorios de Promesas y Oficialización

La Promesa y la Oficialización son un paso importante en la vida del militante de Acción Católica. Es un compromiso con Cristo Rey, por medio de nuestra Institución.

Por esto, es que nos acercamos a ustedes para que cada parroIMG-20171113-WA0013quia y comunidad comunique al Consejo Arquidiocesano quiénes son los candidatos para cada paso.

Los pedidos provisorios se harán por medio del siguiente enlace. Tendrán tiempo para cargar la información hasta el 15 de diciembre de 2017.

Cualquier inquietud, quedamos a disposición.

Sigamos preparándonos para la venida del Señor Jesús en la fragilidad de un niño, en este Adviento, en vistas a la Navidad.

Pier Giorgio Frassati: un santo para nuestros tiempos

“Con la violencia se siembra el odio y se recogen después los frutos nefastos de dicha siembra; con la caridad se cultiva en los hombres la paz, pero no la paz del mundo, la verdadera paz es solamente la que nos da la fe en Jesucristo que nos une los unos a los otros”.

Una frase muy actual para un joven muy actual: el beato Pier Giorgio Frassati.

Pier Giorgio nació en Turín, Italia, el 6 de abril de 1901. Creció en el seno de una familia muy rica. Su padre fue el fundador y director del diario La Stampa y su madre una notable pintora que le transmitió la fe. En su adolescencia cultivó una profunda vida espiritual, se hizo activo miembro de la Acción Católica, el Apostolado de la oración, la Liga Eucarística y la Asociación de jóvenes adoradores universitarios.

Decidió estudiar Ingeniería Industrial Mecánica para trabajar cerca de los operarios pobres e ingresó al Politécnico de Turín, donde fundó un círculo de jóvenes que buscaban hacer de Cristo el centro de su amistad.

Llevó una vida austera y destinaba a obras de caridad buena parte del dinero que sus padres le daban para sus gastos personales. Su fuerza estaba en la comunión diaria y la frecuente adoración al Santísimo.

Fue deportista, esquiador y montañista. Escaló los Alpes y el Valle de Aosta. Asimismo, nunca perdió la oportunidad de llevar a sus amigos a la Santa Misa, la lectura de las Sagradas Escrituras y el rezo del Santo Rosario.

Pier Giorgio recibió en casa una educación correcta, pero sin una fe vivida. Al iniciar la adolescencia sintió una fuerte necesidad de zambullirse en el Evangelio, de ser un cristiano al cien por ciento. Por eso fue miembro de un gran número de asociaciones católicas: tenía un gran anhelo de conocer más su fe, de crecer en la vida de oración, de vivir en un sincero compromiso por los demás, sea en la asistencia social, sea en el enseñar y dar testimonio de sus convicciones cristianas.

Cuando llega a la Universidad, percibe un ambiente hostil contra todo lo que huela a católico. Pier Giorgio no duda en promover actividades espirituales entre los universitarios. A veces a riesgo de más de algún choque violento con grupos intolerantes.

Cuando cumplió 24 años de edad le diagnosticaron poliomielitis fulminante, una enfermedad que lo llevó a la muerte en solo una semana.

Partió a la casa del Padre el 4 de julio de 1925 y tuvo un multitudinario funeral entre amigos y personas pobres.

San Juan Pablo II lo beatificó en 1990 y destacó que “él proclama, con su ejemplo, que es ‘santa’ la vida que se conduce con el Espíritu Santo, Espíritu de las Bienaventuranzas, y que solo quien se convierte en ‘hombre de las Bienaventuranzas’ logra comunicar a los hermanos el amor y la paz”.

“Repite que vale verdaderamente la pena sacrificar todo para servir al Señor. Testimonia que la santidad es posible para todos y que solo la revolución de la caridad puede encender en el corazón de los hombres la esperanza de un futuro mejor”.

Pidamos al Señor que nos dé la gracia de poder imitar la vida de esta gran joven, que se animó a vivir la santidad, desde las Bienaventuranzas, recordando, como él nos dice que “nuestra vida, por ser cristiana, tiene que ser una constante renuncia, un continuo sacrificio, que no pesa si se considera que son estos pocos años pasados en el dolor en comparación con la eterna felicidad, donde la alegría no tendrá medida ni fin, donde disfrutaremos de una paz que no se puede imagina”